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escritorio y en el almacén aparecieron los primeros mecheros de gas hacia el año 49, y el famoso velón de cuatro luces recibió tan tremenda bofetada de la dura mano del progreso, que no se le volvió a ver más por ninguna parte.En la caja habían entrado ya los primeros billetes del Banco de San Fernando, que sólo se usaban para el pago de letras, pues el público los miraba aún con malos ojos.
Muchas noches se acostaba con fiebre porque no le habían dejado satisfacer su anhelo de coger para sí aquellas monerías.Hubiérase contentado ella, en vista de prohibición tan absoluta, con aproximar la yema del dedo índice al pico de una de las torres pero ni aun esto.
Aparecía como contratista un tal Albert, de origen belga, que había empezado por introducir paños extranjeros con mala fortuna.Este Albert era hombre muy para el caso, activo, despabilado, seguro en sus tratos aunque no estuvieran escritos.Fue el auxiliar eficacísimo de Casarredonda en sus valiosas contratas de lienzos gallegos para la tropa.
Pues si hubiera querido presumir con malicia, digo..., a no ser lo que era, una matrona respetabilísima con toda la sal de Dios en su corazón, habría visto acudir los hombres como acuden las moscas a una de esas frutas que, por lo muy maduras, principian a arrugarse, y les chorrea por la corteza todo el azúcar.
consistía que habiendo sido él educado tan rígidamente por D.Baldomero I, era todo blanduras con su hijo Efectos de la evolución educativa, paralela de la evolución política Santa Cruz tenía muy presentes las ferocidades disciplinarias de su padre, los castigos que le imponía, y las privaciones que le había hecho sufrir.
Comprometido éste del 40 al 45, por los últimos errores del difunto Arnaiz, se defendió con los mahones, aquellas telas ligeras y frescas que tanto se usaron hasta el 54.El género de China decaía visiblemente.Las galeras aceleradas iban trayendo a Madrid cada día con más presteza las novedades parisienses, y se apuntaba la invasión lenta y tiránica de los medios colores, que pretenden ser signo de cultura.
Aquel encanto de los ojos, aquel prodigio de color, remedo de la naturaleza sonriente, encendida por el sol de Mediodía, empezó a perder terreno, aunque el pueblo, con instinto de colorista y poeta, defendía la prenda española como defendió el parque de Monteleón y los reductos de Zaragoza.
Lavadas estas partes, se lavaría después otras.Este Madrid, que entonces era futuro, se le representó con visiones de camisas limpias en todas las clases, de mujeres ya acostumbradas a mudarse todos los días, y de señores que eran la misma pulcritud.
paraban aquí las filosofías de Juanito, y hacía una comparación que no carece de exactitud.Decía que entre estas dos maneras de vivir, observaba él la diferencia que hay entre comerse una chuleta y que le vengan a contar a uno cómo y cuándo se la ha comido otro, haciendo el cuento muy a lo vivo, se entiende, y describiendo la cara que ponía, el gusto que le daba la masticación, la gana con que tragaba y el reposo con que digería.
Todas las noches del año le obligaba a rezar el rosario con los dependientes de la casa hasta que cumplió los veinticinco nunca fue a paseo solo, sino en corporación con los susodichos dependientes el teatro no lo cataba sino el día de Pascua, y le hacían un trajecito nuevo cada año, el cual no se ponía más que los domingos.
permitía era poner sobre el tablero de ajedrez que estaba en la vitrina de la ventana enrejada entonces no había escaparates, todas las piezas de un juego, no de los más finos, a un lado las blancas, a otro las encarnadas.Barbarita y su hermano Gumersindo, mayor que ella, eran los únicos hijos de D.
facultades de Barbarita se desarrollaron asociadas a la contemplación de estas cosas, y entre las primeras conquistas de sus sentidos, ninguna tan segura como la impresión de aquellas flores bordadas con luminosos torzales, y tan frescas que parecía cuajarse en ellas el rocío.
sabían hacerlo sino los que de antiguo tenían la costumbre de manejar aquel artículo, por lo cual muchas damas, que en algún baile de máscaras se ponían el chal, lo mandaban al día siguiente, con la caja, a la tienda de Gumersindo Arnaiz, para que este lo doblase según arte tradicional, es decir, dejando oculta la rejilla de a tercia y el fleco de a cuarta, y visible en el cuartel superior el dibujo central.
así, a boca de jarro, de que me iba a casar contigo, me corrió un frío por todo el espinazo... Todavía me acuerdo del miedo que te tenía.Nuestros padres nos dieron esto amasado y cocido.Nos casaron como se casa a los gatos, y punto concluido.
interrogándose y respondiéndose con toda lealtad, resultaba que no le quería absolutamente nada.Verdad que tampoco le aborrecía, y algo íbamos ganando.A los dos meses de casados, y después de una temporadilla en que Barbarita estuvo algo distraída, melancólica y como con ganas de llorar, alarmando mucho a su madre, empezaron a notarse en aquel matrimonio, en tan malas condiciones hecho, síntomas de idilio.
sólo iba a clase puntualísimo y cargado de apuntes, sino que se ponía en la grada primera para mirar al profesor con cara de aprovechamiento, sin quitarle ojo, cual si fuera una novia, y aprobar con cabezadas la explicación, como diciendo yo también me sé eso y algo más.
tenía lo bastante para no aburrirse.Era hombre que cuando se ponía a toser hacía temblar el edificio donde estaba excelente persona, librecambista rabioso, anglómano y solterón.Entre las casas de Santa Cruz y Arnaiz no hubo nunca rivalidades antes bien, se ayudaban cuanto podían.
significaban tales rutinas terquedad y falta de luces.Por el contrario, la clara inteligencia del segundo Santa Cruz y su conocimiento de los negocios, sugeríanle la idea de que cada hombre pertenece a su época y a su esfera propias, y que dentro de ellas debe exclusivamente actuar.
Eulalia Muñoz era muy vanidosa, y decía que no había casa como la suya y que daba gusto verla toda llena de unos pedazos de hierro mu grandes, del tamaño de la caña de doña Calixta, y tan pesados, tan pesados que ni cuatrocientos hombres los podían levantar.
cabello se había puesto ya enteramente blanco, lo cual la favorecía más que cuando lo tenía entrecano.Parecía pelo empolvado a estilo Pompadour, y como lo tenía tan rizoso y tan bien partido sobre la frente, muchos sostenían que ni allí había canas ni Cristo que lo fundó.
Mientras fue D.Baldomero jefe de la casa, esta no se desvió en lo esencial de los ejes diamantinos sobre que la tenía montada el padre, a quien se podría llamar D.Baldomero el Grande.Para que el progreso pusiera su mano en la obra de aquel hombre extraordinario, cuyo retrato, debido al pincel de D.
había pasado en la tienda y en el almacén toda la niñez y lo mejor de mi juventud.Mi padre era una fiera no me perdonaba nada.Así me crié, así salí yo, con unas ideas de rectitud y unos hábitos de trabajo, que ya ya...Por eso bendigo hoy los coscorrones que fueron mis verdaderos maestros.
D.Baldomero no lo decía así pero sus vagas ideas sobre el asunto se condensaban en una expresión de moda y muy socorrida el mundo marcha.Felizmente para Juanito, estaba allí su madre, en quien se equilibraban maravillosamente el corazón y la inteligencia.
provecho sacó la casa fue del ramo de capotes y uniformes para el Ejército y la Milicia Nacional, no siendo tampoco despreciable el beneficio que obtuvo del artículo para capas, el abrigo propiamente español que resiste a todas las modas de vestir, como el garbanzo resiste a todas las modas de comer.
travieso y alborotado volviose tan juiciosillo, que al mismo Zalamero daba quince y raya.Entrole la comezón de cumplir religiosamente sus deberes escolásticos y aun de instruirse por su cuenta con lecturas sin tasa y con ejercicios de controversia y palique declamatorio entre amiguitos.
Santa Cruz, Bringas y Arnaiz el gordo, monopolizaban toda la pañería de Madrid y surtían a los tenderos de la calle de Atocha, de la Cruz y Toledo.En las contratas de vestuario para el Ejército y Milicia Nacional, ni Santa Cruz, ni Arnaiz, ni tampoco Bringas daban la cara.
Resolviose la insigne señora a tener carácter y a vigilar a su hijo.Hízose fiscalizadora, reparona, entrometida, y unas veces con dulzura, otras con aspereza que le costaba trabajo fingir, tomaba razón de todos los actos del joven, tundiéndole a preguntas A dónde vas con ese cuerpo.
Trinaba contra todo arancel que no significara un simple recurso fiscal, mientras que D.Baldomero, que en todo era templado, pretendía que se conciliasen los intereses del comercio con los de la industria española. Si esos catalanes no fabrican más que adefesios decía Arnaiz entre tos y tos, y reparten dividendos de sesenta por ciento a los accionistas.
Después las corrientes han cambiado otra vez, y al cabo de muchos años ha vuelto a traer España directamente las obras de King-Cheong mas para esto ha sido preciso que viniera la gran vigorización del comercio después del 68 y la robustez de los capitales de nuestros días.
sabía lo que era amor tan sólo lo sospechaba.Verdad que no quería a su novio pero tampoco quería a otro.En caso de querer a alguno, este alguno podía ser aquel.Lo más particular era que Baldomero, después de concertada la boda, y cuando veía regularmente a su novia, no le decía de cosas de amor ni una miaja de letra, aunque las breves ausencias de la mamá, que solía dejarles solos un ratito, le dieran ocasión de lucirse como galán.
Barbarita creía de buena fe que su hijo no leía ya porque había agotado el pozo de la ciencia.Tenía Juanito entonces veinticuatro años.Le conocí un día en casa de Federico Cimarra en un almuerzo que este dio a sus amigos.Se me ha olvidado la fecha exacta pero debió de ser esta hacia el 69, porque recuerdo que se habló mucho de Figuerola, de la capitación y del derribo de la torre de la iglesia de Santa Cruz.
Madrid se inundaba de género a precio más bajo que el de las facturas de D.Bonifacio Arnaiz, y era preciso realizar de cualquier modo.Para compensar las pérdidas de la quemazón, urgía plantear otro negocio, buscar nuevos caminos, y aquí fue donde lució sus altas dotes Isabel Cordero, esposa de Gumersindo, que tenía más pesquis que este.
Ayún, era como si enterrasen a alguno de la familia y aseguró que si su hermano se obstinaba en quitarlos, ella se los llevaría a su casa para ponerlos en el comedor, haciendo juego con los aparadores.Y en este desabridísimo noviazgo pasaron algunos meses, al cabo de los cuales Baldomero se soltó y despabiló algo.
detallistas no necesitaban que se les llamase a son de cencerro ni que se les embaucara con artes charlatánicas.Demasiado sabían todos el camino de la casa, y las metódicas y honradas costumbres de esta, la fijeza de los precios, los descuentos que se hacían por pronto pago, los plazos que se daban, y todo lo demás concerniente a la buena inteligencia entre vendedor y parroquiano.
Senquá modificó el estilo de Ayún, dándole más amplitud, variando más los tonos, haciendo, en fin, de aquellas sonatas graciosas, poéticas y elegantes, sinfonías poderosas con derroche de vida, combinaciones nuevas y atrevimientos admirables.Ver D.
propio tiempo arramblaban por los espléndidos pañuelos de Manila, que habían ido descendiendo hasta las gitanas.También se dejó sentir aquí, como en todas partes, el efecto de otro fenómeno comercial, hijo del progreso.Refiérome a los grandes acaparamientos del comercio inglés, debidos al desarrollo de su inmensa marina.
hija, sí, mi papá me lo ha dicho.Los caminos están embaldosados de hierro, y por allí encima van los coches echando demonios.Llevaba siempre los bolsillos atestados de chucherías, que mostraba para dejar bizcas a sus amigas.Eran tachuelas de cabeza dorada, corchetes, argollitas pavonadas, hebillas, pedazos de papel de lija, vestigios de muestrarios y de cosas rotas o descabaladas.
instrucción y su ingenio agudísimo le hacían descollar sobre todos los demás mozos de la partida, y aunque a primera vista tenía cierta semejanza con Joaquinito Pez, tratándoles se echaban de ver entre ambos profundas diferencias, pues el chico de Pez, por su ligereza de carácter y la garrulería de su entendimiento, era un verdadero botarate.
Porque Madrid no tenía de metrópoli más que el nombre y la vanidad ridícula.Era un payo con casaca de gentil-hombre y la camisa desgarrada y sucia.Por fin el paleto se disponía a ser señor de verdad.Isabel Cordero, que se anticipaba a su época, presintió la traída de aguas del Lozoya, en aquellos veranos ardorosos en que el Ayuntamiento refrescaba y alimentaba las fuentes del Berro y de la Teja con cubas de agua sacada de los pozos en aquellos tiempos en que los portales eran sentinas y en que los vecinos iban de un cuarto a otro con el pucherito en la mano, pidiendo por favor un poco de agua para afeitarse.
tenía en más estima, y por esto no lo sacaba sino en ciertos días, era su colección de etiquetas, pedacitos de papel verde, recortados de los paquetes inservibles, y que tenían el famoso escudo inglés, con la jarretiera, el leopardo y el unicornio.
hablaba aún de talegas, y la operación de contar cualquier cantidad era obra para que la desempeñara Pitágoras u otro gran aritmético, pues con los doblones y ochentines, las pesetas catalanas, los duros españoles, los de veintiuno y cuartillo, las onzas, las pesetas columnarias y las monedas macuquinas, se armaba un belén espantoso.
Albert murió el 55, dejando una gran fortuna, que heredó su hija casada con el sucesor de Muñoz, el de la inmemorial ferretería de la calle de Tintoreros.En el reinado de D.Baldomero II, las prácticas y procedimientos comerciales se apartaron muy poco de la rutina heredada.
Vicente López, hemos contemplado con satisfacción en la sala de sus ilustres descendientes, fue preciso que todo Madrid se transformase que la desamortización edificara una ciudad nueva sobre los escombros de los conventos que el Marqués de Pontejos adecentase este lugarón que las reformas arancelarias del 49 y del 68, pusieran patas arriba todo el comercio madrileño que el grande ingenio de Salamanca idease los primeros ferrocarriles que Madrid se colocase, por arte del vapor, a cuarenta horas de París, y por fin, que hubiera muchas guerras y revoluciones y grandes trastornos en la riqueza individual.
Trabajaba exclusivamente en género extranjero pero cuando Santa Cruz hizo su traspaso a los Chicos, también Arnaiz se inclinaba a hacer lo mismo, porque estaba ya muy rico, muy obeso, bastante viejo y no quería trabajar.Daba y tomaba letras sobre Londres y representaba a dos Compañías de seguros.
Cantero quien le acompañó a Gobernación para ver a González Bravo, y éste dio al punto la orden para que fuese puesto en libertad el revolucionario, el anarquista, el descamisado Juanito.Cuando el niño estudiaba los últimos años de su carrera, verificose en él uno de esos cambiazos críticos que tan comunes son en la edad juvenil.
Virgen, que aún se venera allí, la enramaban también con yerbas olorosas, y el fabricante de cucharas, que era gallego, se ponía la montera y el chaleco encarnado.Las pequeñuelas, si los mayores se descuidaban, rompían la consigna y se echaban a la calle, en reñida competencia con otras chiquillas pedigüeñas, correteando de una acera a otra, deteniendo a los señores que pasaban, y acosándoles hasta obtener el ochavito.
Cordero, sin embargo, no se desanimaba.Su marido empezaba a atontarse ella a ver claro.Vio que las costumbres de Madrid se transformaban rápidamente, que esta orgullosa Corte iba a pasar en poco tiempo de la condición de aldeota indecente a la de capital civilizada.
sociedad española empezaba a presumir de seria es decir, a vestirse lúgubremente, y el alegre imperio de los colorines se derrumbaba de un modo indudable.Como se habían ido las capas rojas, se fueron los pañuelos de Manila.La aristocracia los cedía con desdén a la clase media, y esta, que también quería ser aristócrata, entregábalos al pueblo, último y fiel adepto de los matices vivos.
Todos ellos, a excepción de Miquis que se murió en el 64 soñando con la gloria de Schiller, metieron infernal bulla en el célebre alboroto de la noche de San Daniel.Hasta el formalito Zalamero se descompuso en aquella ruidosa ocasión, dando pitidos y chillando como un salvaje, con lo cual se ganó dos bofetadas de un guardia veterano, sin más consecuencias.
Indudablemente el difunto Arnaiz no había visto claro al hacer tantos pedidos se cegó, deslumbrado por cierta alucinación mercantil tal vez sintió demasiado el amor al artículo y fue más artista que comerciante.Había sido dependiente y socio de la Compañía de Filipinas, liquidada en 1833, y al emprender por sí el negocio de pañolería de Cantón, creía conocerlo mejor que nadie.